¿Qué red social es mejor para una administración pública?

No hagamos clicbait, lo importante para una administración no es que red social utiliza sino lo que dice y a quien se lo dice. Sobre todo ahora que las redes sociales se han desnaturalizado y ya no son un espacio de intercambio y participación. Al igual que en el resto de organizaciones, las redes sociales en las administraciones públicas se encuentran en un punto de inflexión. Inicialmente aclamadas como herramientas revolucionarias para la democratización de la información y la participación ciudadana, su evolución hasta convertirse en meros canales de publicidad y segmentación de audiencias no ha estado exenta de desafíos y decepciones. La disminución de su uso por parte de la generación Z y la pérdida de su naturaleza social original han hecho que hoy ya se hable sin tapujos de la muerte de las redes sociales.

En lugar de ser un espacio de intercambio y conversación horizontal y democrático se han vuelto un lugar de entretenimiento, que busca lograr la mayor atención posible de sus audiencias, como siempre buscaron la televisión o la radio. Un lugar en el que solo se puede ser o audiencia o generador de contenidos. Lejos queda ya aquella idea mágica de los prosumidores, en el que las redes sociales nos convertían a todos en productores y consumidores de contenidos. Ahora esa máquina insaciable de canales requiere contenidos de todo tipo a todas horas, y pocos son los que atienden esa demanda. Y esto es una gran oportunidad para las administraciones públicas y para los gobiernos igual que lo es esa caterva de influencias que generan comunidad hablando de “su tema” y llegando a las tripas de sus audiencias, porque no se trata de razonar sino de emocionar, que llegar al corazón es más cómodo, y más fácil, y menos agotador que llegar a la mente, aunque ya se sabe: emociona que algo queda. La desinformación, la polarización y la privacidad algo ha tenido que ver en este apartamiento de todos de lo que nos encontramos en las redes sociales que antes considerábamos auténtico y valioso.

La clave para el futuro de las redes sociales en la administración pública y en los gobiernos radica en su capacidad para adaptarse y evolucionar y en lograr convencer a su público destinatario que las políticas públicas pueden mejorar su vida y además estas plataformas en manos de los gobiernos y las administraciones públicas deben superar los desafíos actuales, como la gestión de la desinformación y la seguridad de los datos, mientras se adaptan a las expectativas cambiantes de los ciudadanos. Esto podría implicar la adopción de nuevas tecnologías y plataformas, la mejora de la interacción ciudadana y el fomento de la participación en la toma de decisiones.

Es absolutamente sorprendente que la normativa europea obligue a las empresas de mensajería instantánea a que sean compatibles entre ellas, (léase WhatsApp, con Telegram o iMessage, y otras) y en cambio no haga nada parecido con sus propios sistemas de comunicación con la ciudadanía. Por ejemplo, la carpeta ciudadana que ha implementado el gobierno central debería ser una plataforma única en la que todas las administraciones de todos los niveles, locales, autonómicos y hasta europeos pusiesen su información sobre nosotros como hace el Estado.

En conclusión, el futuro de las redes sociales en las administraciones públicas se perfila como un campo de innovación y adaptación. Aunque las herramientas y plataformas pueden cambiar, el objetivo permanece: crear un gobierno más abierto, transparente y participativo, más democrático en definitiva, La evolución de las redes sociales en el ámbito público dependerá de su capacidad para mantenerse relevantes y útiles en un mundo digital en constante cambio, respondiendo a las necesidades y expectativas de una ciudadanía cada vez más informada, exigente y porque no decirlo… pasiva.

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